sábado, 8 de diciembre de 2012

Vicio maldito


-Mama, tráeme mi comida rápido –Grita en su casa Lorenzo sin dejar de ver la televisión.

Su madre quien nuevamente tiene que soportar verlo echado en su cama le hace caso y le trae su almuerzo, un rico arroz con pollo, pero como siempre, le dice que se ponga a estudiar o leer algún libro y que piense a que universidad va a postular el próximo año.

-¡Ya no molestes mama, sal de mi cuarto!–Exclama con fuerza Lorenzo-

Otro intento fallido de su madre. Es que ella no puede ver lo que le pasa en realidad a su hijo, claro. Para una madre no hay hijo malo, además que ella no sabe lo que realmente sucede, pero la verdad, Lorenzo nunca fue malo, todo comenzó cuando llego esa persona a su vida.

Lorenzo, un chico común, era uno de los estudiantes más sobresalientes de su colegio, se podía decir que pasaba desapercibido ya que no era el clásico “popular” de su salón. De estatura media y cuerpo delgado pero con grandes ojos negros que se hacían más grandes por los lentes que usaba, es por eso que le decían “Búho”.

Era muy solidario con las personas, aunque tenía pocos amigos, se sentía feliz porque sabía que podía confiar en cada uno de ellos, sobretodo en Alberto, quien es su amigo desde primaria, y con quien compartía el sueño de convertirse en un gran doctor. Alberto, era todo lo contrario de lo que Lorenzo podía ser. Un chico con calificaciones regulares, gordinflón pero de buen corazón y sobretodo gran consejero.

Toda la vida de Lorenzo era tranquila y sin nada emocionante, hasta que llego a su salón un nuevo alumno. Se trataba de Ricardo, un chico al que habían expulsado de su anterior colegio por encontrarle fumando cigarros y vendiéndole ron en los baños a sus compañeros, pero gracias a que su familia tenía mucho dinero de las empresas de mayólicas que tenían, lo pudieron poner en el colegio de Lorenzo, obviamente, borrando todo historial de lo que había pasado.

Lorenzo y Ricardo en los siguientes días se hicieron muy amigos, por el hecho de que Lorenzo era muy servicial, y accedió a ayudar, a petición del director de su colegio, a Ricardo a ponerse al día con todo lo avanzado hasta el momento en el colegio. Así que siempre se quedaban después de clases donde en vez de estudiar, Ricardo le ofrecía cigarros y ron a cambio de que le pasara respuestas en los exámenes, Lorenzo se sorprendió de la propuesta de Ricardo.

-Vamos Lorenzo, todos los hacen, tarde o temprano, así que porque no comenzar ahora

-No sé si es una buena idea –replica con duda Lorenzo-

-Dale, no seas maricon, además, te va a gustar, solo una vez y si no, ya fue.

Desde ese día, cada vez se que se quedaban después de clases, lo usaban para tomar y fumar, hasta que cierto día Ricardo le dio algo nuevo para experimentar. Eran pastillas de Éxtasis, que ambos consumían. Eso lo descubrió Alberto, quien se escondía desde hacia unas semanas fuera del salón para espiar a su amigo, cuando supo lo del éxtasis, se lo conto a la madre de Lorenzo.

-Hola Alberto, Lorenzo esta descansando así que no puede salir ahora.

-Señora, vengo a hablarle a usted, sobre Lorenzo.

Esto lo escucho Lorenzo desde su cuarto, y quiso enterarse de que hablarían, pero él tenía que salir de su casa, escondido, sin que nadie lo notara, tenía que hacer lo que planeo hacer con Ricardo días atrás.
Ricardo en una de sus “sesiones para ponerse al día” le propuso a Lorenzo, quien ya había caído en el vicio del éxtasis, robar una tienda.

-Mira Buhito, las pastillitas me salen muy caras, y a pesar de que tengo dinero y que deje de comprar los tragos y los puchos, me faltan. ¿Qué dices si robamos la tienda de la esquina del cole?, ese serrano que lo cuida siempre cierra a las 10.

-Ya bacan, pero como hacemos –Respondió Lorenzo

-Déjamelo a mi causa.

Con la incertidumbre aun de saber cómo iban a entrar, Ricardo se dirigía a encontrarse con Lorenzo.

Cuando lo vio se quedo impresionado ya que estaba con 2 personas más. Se los presento, uno era el “negro” Félix, un muchacho que había dejado el colegio dos años atrás y que se dedicaba a robar, era alto y musculoso, “Parece un guachimán de discoteca”, bromeaba con el Ricardo. El otro era el “Chato” Willy, un tipo que tenía apariencia de escolar de primaria, aunque cuando hablaba podía sonar como general del ejército.

Ricardo le explico el plan a Lorenzo, se trataba de robar la casa en general del “Cholo” Quispe, el dueño de la tienda, Ricardo y Lorenzo irían a robar a la tienda, mientras Ricardo robaba los artículos, Lorenzo seria la campana que avisara sobre cualquier actitud sospechosa fuera. El “negro” Félix y el “Chato” Willy subirían al segundo piso donde era la casa del “cholo” Quispe y le robarían todo.

Willy usando su habilidad con las pinzas, abrió sin ruido, la puerta de la tienda, y todos se dispusieron a realizar todo lo planeado, Lorenzo quien estaba nervioso de todo, no se dio cuenta que por la otra esquina que no estaba vigilando venia el señor Quispe un poco mareado ya que había salido justo ese día a una reunión familiar. El señor Quispe era un hombre tosco, de mirada dura. Había adquirido esa mirada de sus tiempos de policía en su natural Apurímac, tal vez por eso y sus actitudes hostiles se había ganado la antipatía del barrio.

-¡Oye mierda, que haces en mi tienda! –Grito Quispe a Lorenzo

Lorenzo, rápidamente cerró la puerta de la tienda, y corrió a avisarles a todos que el cholo estaba afuera. Los cuatro estaban en la tienda, y planearon como huir. Se esconderían en la casa en lugares distintos, y cuando sea seguro saldrán corriendo de la casa. Lorenzo se escondió tras los sofás, Félix y Ricardo estaban detrás de las cortinas y Willy estaba en el baño.

El señor Quispe uso su llave para abrir la tienda  y subió al segundo piso donde pateo la puerta, gritaba que mataría a quien estuviera en ese momento en su casa, en eso, saco de la funda de su saco, una pistola. Lorenzo, Félix y Ricardo vieron esto, y no sabían cómo avisarle a Willy.

Quispe comenzó a buscar rastros de gente en su casa, como un perro policía que busca a alguien perdido. Lorenzo se dio cuenta que estaba mareado porque no prendía la luz de su casa, aunque esto lo aterrorizo ya que la sola idea de un hombre borracho armado es demasiado para él. Cuando iba a moverse, vio a Félix y a Ricardo conversar y a luego asentir con la cabeza. Entonces vio como Ricardo agarro un cenicero de la mesa de la sala y lo lanzo con fuerza contra la puerta del baño.

El señor Quispe corrió a ver lo que pasaba y encontró a Willy escondido. Y le dijo:

-A chibolo raterito no, vas a ver mierda

Y comenzó a golpear a Willy quien intentaba protegerse de los golpes con sus manos. Félix y Ricardo aprovecharon este momento y salieron corriendo de la casa, tras ellos salió Lorenzo quien no paraba de llorar. Ya estando fuera de peligro, Ricardo le dijo a Lorenzo.

-Ya para de llorar carajo, ya fue pues, Willy tenía que perder, o ¿hubieras preferido ser tu?.

-Pero Ricardo, acaso Willy no era tu amigo – Recrimino Lorenzo

-Negocios son negocios compare, acá con el “negro” Félix hemos robado algo, que dices, sigues con nosotros o no.

Lorenzo tomo una decisión, y quiso seguir haciendo de las suyas con Ricardo y Félix. Desde ese día Alberto su inseparable amigo de la infancia que se canso en aconsejarle que deje de ver a Ricardo, se alejo de su vida. Su madre, aun intenta que retome el buen camino, sin saber que su hijo es ahora un delincuente. 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Memoria Final

Será que nunca mas podre estar tranquilo

Toda mi rabia se fija en mi objetivo

Siento toda la furia consumir toda mi alma

¿Podré finalmente algún día descansar?

Crear, soñar, pensar, son imposibles para mi

Ahora mas que nunca, Arguedas te grito ! Ídolo!

¿Como puede un hombre presentir su fin?

Fácil, el pone la fecha de su juicio final

¿Y que es de sus seres queridos?

No lloraran por él en su final

No podrán, ¿Como podrian?

Si cuando él se fue, ellos callaron para siempre