-Mama, tráeme mi comida rápido
–Grita en su casa Lorenzo sin dejar de ver la televisión.
Su madre quien nuevamente tiene que soportar verlo echado en
su cama le hace caso y le trae su almuerzo, un rico arroz con pollo, pero como
siempre, le dice que se ponga a estudiar o leer algún libro y que piense a que
universidad va a postular el próximo año.
-¡Ya no molestes mama, sal de mi
cuarto!–Exclama con fuerza Lorenzo-
Otro intento fallido de su madre. Es que ella no puede ver
lo que le pasa en realidad a su hijo, claro. Para una madre no hay hijo malo,
además que ella no sabe lo que realmente sucede, pero la verdad, Lorenzo nunca
fue malo, todo comenzó cuando llego esa persona a su vida.
Lorenzo, un chico común, era uno de los estudiantes más sobresalientes
de su colegio, se podía decir que pasaba desapercibido ya que no era el clásico
“popular” de su salón. De estatura media y cuerpo delgado pero con grandes ojos
negros que se hacían más grandes por los lentes que usaba, es por eso que le
decían “Búho”.
Era muy solidario con las personas, aunque tenía pocos
amigos, se sentía feliz porque sabía que podía confiar en cada uno de ellos,
sobretodo en Alberto, quien es su amigo desde primaria, y con quien compartía
el sueño de convertirse en un gran doctor. Alberto, era todo lo contrario de lo
que Lorenzo podía ser. Un chico con calificaciones regulares, gordinflón pero
de buen corazón y sobretodo gran consejero.
Toda la vida de Lorenzo era tranquila y sin nada
emocionante, hasta que llego a su salón un nuevo alumno. Se trataba de Ricardo,
un chico al que habían expulsado de su anterior colegio por encontrarle fumando
cigarros y vendiéndole ron en los baños a sus compañeros, pero gracias a que su
familia tenía mucho dinero de las empresas de mayólicas que tenían, lo pudieron
poner en el colegio de Lorenzo, obviamente, borrando todo historial de lo que
había pasado.
Lorenzo y Ricardo en los siguientes días se hicieron muy
amigos, por el hecho de que Lorenzo era muy servicial, y accedió a ayudar, a
petición del director de su colegio, a Ricardo a ponerse al día con todo lo
avanzado hasta el momento en el colegio. Así que siempre se quedaban después de
clases donde en vez de estudiar, Ricardo le ofrecía cigarros y ron a cambio de
que le pasara respuestas en los exámenes, Lorenzo se sorprendió de la propuesta
de Ricardo.
-Vamos Lorenzo, todos los hacen,
tarde o temprano, así que porque no comenzar ahora
-No sé si es una buena idea
–replica con duda Lorenzo-
-Dale, no seas maricon, además,
te va a gustar, solo una vez y si no, ya fue.
Desde ese día, cada vez se que se quedaban después de
clases, lo usaban para tomar y fumar, hasta que cierto día Ricardo le dio algo
nuevo para experimentar. Eran pastillas de Éxtasis, que ambos consumían. Eso lo
descubrió Alberto, quien se escondía desde hacia unas semanas fuera del salón
para espiar a su amigo, cuando supo lo del éxtasis, se lo conto a la madre de
Lorenzo.
-Hola Alberto, Lorenzo esta descansando
así que no puede salir ahora.
-Señora, vengo a hablarle a
usted, sobre Lorenzo.
Esto lo escucho Lorenzo desde su cuarto, y quiso enterarse
de que hablarían, pero él tenía que salir de su casa, escondido, sin que nadie
lo notara, tenía que hacer lo que planeo hacer con Ricardo días atrás.
Ricardo en una de sus “sesiones para ponerse al día” le
propuso a Lorenzo, quien ya había caído en el vicio del éxtasis, robar una
tienda.
-Mira Buhito, las pastillitas me
salen muy caras, y a pesar de que tengo dinero y que deje de comprar los tragos
y los puchos, me faltan. ¿Qué dices si robamos la tienda de la esquina del
cole?, ese serrano que lo cuida siempre cierra a las 10.
-Ya bacan, pero como hacemos –Respondió
Lorenzo
-Déjamelo a mi causa.
Con la incertidumbre aun de saber cómo iban a entrar,
Ricardo se dirigía a encontrarse con Lorenzo.
Cuando lo vio se quedo impresionado ya que estaba con 2
personas más. Se los presento, uno era el “negro” Félix, un muchacho que había
dejado el colegio dos años atrás y que se dedicaba a robar, era alto y
musculoso, “Parece un guachimán de discoteca”, bromeaba con el Ricardo. El otro
era el “Chato” Willy, un tipo que tenía apariencia de escolar de primaria,
aunque cuando hablaba podía sonar como general del ejército.
Ricardo le explico el plan a Lorenzo, se trataba de robar la
casa en general del “Cholo” Quispe, el dueño de la tienda, Ricardo y Lorenzo
irían a robar a la tienda, mientras Ricardo robaba los artículos, Lorenzo seria
la campana que avisara sobre cualquier actitud sospechosa fuera. El “negro” Félix
y el “Chato” Willy subirían al segundo piso donde era la casa del “cholo”
Quispe y le robarían todo.
Willy usando su habilidad con las pinzas, abrió sin ruido,
la puerta de la tienda, y todos se dispusieron a realizar todo lo planeado,
Lorenzo quien estaba nervioso de todo, no se dio cuenta que por la otra esquina
que no estaba vigilando venia el señor Quispe un poco mareado ya que había
salido justo ese día a una reunión familiar. El señor Quispe era un hombre
tosco, de mirada dura. Había adquirido esa mirada de sus tiempos de policía en
su natural Apurímac, tal vez por eso y sus actitudes hostiles se había ganado
la antipatía del barrio.
-¡Oye mierda, que haces en mi
tienda! –Grito Quispe a Lorenzo
Lorenzo, rápidamente cerró la puerta de la tienda, y corrió
a avisarles a todos que el cholo estaba afuera. Los cuatro estaban en la
tienda, y planearon como huir. Se esconderían en la casa en lugares distintos,
y cuando sea seguro saldrán corriendo de la casa. Lorenzo se escondió tras los
sofás, Félix y Ricardo estaban detrás de las cortinas y Willy estaba en el
baño.
El señor Quispe uso su llave para abrir la tienda y subió al segundo piso donde pateo la
puerta, gritaba que mataría a quien estuviera en ese momento en su casa, en eso,
saco de la funda de su saco, una pistola. Lorenzo, Félix y Ricardo vieron esto,
y no sabían cómo avisarle a Willy.
Quispe comenzó a buscar rastros de gente en su casa, como un
perro policía que busca a alguien perdido. Lorenzo se dio cuenta que estaba
mareado porque no prendía la luz de su casa, aunque esto lo aterrorizo ya que
la sola idea de un hombre borracho armado es demasiado para él. Cuando iba a
moverse, vio a Félix y a Ricardo conversar y a luego asentir con la cabeza.
Entonces vio como Ricardo agarro un cenicero de la mesa de la sala y lo lanzo
con fuerza contra la puerta del baño.
El señor Quispe corrió a ver lo que pasaba y encontró a
Willy escondido. Y le dijo:
-A chibolo raterito no, vas a ver
mierda
Y comenzó a golpear a Willy quien intentaba protegerse de
los golpes con sus manos. Félix y Ricardo aprovecharon este momento y salieron
corriendo de la casa, tras ellos salió Lorenzo quien no paraba de llorar. Ya
estando fuera de peligro, Ricardo le dijo a Lorenzo.
-Ya para de llorar carajo, ya fue
pues, Willy tenía que perder, o ¿hubieras preferido ser tu?.
-Pero Ricardo, acaso Willy no era
tu amigo – Recrimino Lorenzo
-Negocios son negocios compare, acá
con el “negro” Félix hemos robado algo, que dices, sigues con nosotros o no.
Lorenzo tomo una decisión, y quiso seguir haciendo de las
suyas con Ricardo y Félix. Desde ese día Alberto su inseparable amigo de la
infancia que se canso en aconsejarle que deje de ver a Ricardo, se alejo de su
vida. Su madre, aun intenta que retome el buen camino, sin saber que su hijo es
ahora un delincuente.